LA SITUACIÓN LITERARIA NACIONAL

¿Qué se escribe y quién lee?

La literatura ecuatoriana actual vive lo que muchos críticos llaman un «nuevo despertar». La narrativa contemporánea ha roto los moldes del realismo social del siglo XX para adentrarse en el gótico andino, la ciencia ficción y la crónica descarnada. No obstante, la salud de la literatura no solo se mide por la calidad de sus prosas, sino por su alcance.

Según los últimos boletines de la Cámara Ecuatoriana del Libro (CEL), existe una paradoja: la producción de títulos ha crecido sostenidamente (superando los 4,000 registros de ISBN anuales), pero el consumo per cápita se mantiene estancado. La encuesta de Hábitos Lectores del Ministerio de Cultura y Patrimonio indica que el promedio de lectura en el país es de apenas 1 libro completo al año. Este eje revela que la literatura nacional es potente en su creación, pero aún busca los mecanismos para democratizar su acceso y convertir el «boom» creativo en un fenómeno de masas.

Esta desconexión entre la oferta y la demanda también responde a una transformación en los soportes de lectura. Si bien el libro físico conserva su valor simbólico, los nuevos lectores ecuatorianos están migrando hacia formatos digitales y plataformas de suscripción que no siempre quedan registrados en las estadísticas tradicionales de venta en librerías. Esta «lectura fragmentada» en dispositivos móviles representa el mayor desafío para la industria: lograr que la inmediatez de la pantalla no desplace la profundidad de la obra literaria, sino que sirva como un puente para atraer a las generaciones que hoy consumen historias fuera de los anaqueles convencionales.