EL DILEMA DEL 40%: INTERMEDIARIOS Y MÁRGENES

En el corazón de la economía editorial ecuatoriana existe una cifra que determina la vida o muerte de un proyecto: el 40%. Este es el porcentaje estándar que las grandes cadenas de librerías y distribuidores profesionales exigen sobre el Precio de Venta al Público (PVP). Este «descuento de librería» representa el mayor cuello de botella para la bibliodiversidad en el país. Aunque el lector asume que el grueso del dinero va para quien escribió la historia o para la editorial que la descubrió, la realidad es que el intermediario final es quien retiene la porción más grande del pastel económico.

Este margen del 40% no es una arbitrariedad caprichosa de los libreros, sino una respuesta a sus propios costos operativos: el alquiler en centros comerciales de alto tráfico, el pago de personal especializado y el mantenimiento de infraestructuras físicas. Sin embargo, para una editorial independiente en Ecuador, ceder casi la mitad del valor del libro a la librería, sumado al 25% que se gasta en imprenta y al 10% destinado legalmente al autor, deja apenas un margen de supervivencia del 25% para la editorial. De ese mínimo porcentaje, el editor debe pagar corrección de estilo, traducción (si aplica), diseño, marketing y, sobre todo, recuperar la inversión inicial para poder financiar el siguiente título de su catálogo.

Esta estructura de márgenes mínimos genera un fenómeno asfixiante: la editorial se ve obligada a elevar el PVP final para que el proyecto sea sostenible. Si un libro cuesta producirlo $5, la editorial no puede venderlo en $10, porque después de entregar el margen a la librería y al autor, terminaría perdiendo dinero. Esto obliga a que el libro llegue a las perchas con precios de $20 o $25, alejándolo de las posibilidades económicas de la mayoría de los estudiantes y familias.

El dilema radica en que, sin las librerías, el libro no tiene visibilidad; pero con los márgenes que estas exigen, la editorial y el autor operan al borde del abismo financiero. Esta presión es la que ha impulsado a muchos sellos independientes a buscar la venta directa y los canales digitales, intentando «saltarse» el dilema del 40% para que el beneficio retorne directamente a quienes pusieron el intelecto y el riesgo en la creación de la obra. Es una batalla silenciosa por la rentabilidad de la cultura en un mercado que, por sus costos de intermediación, parece castigar la creación original.

«En el mercado editorial, el intermediario suele ganar más que el creador; el dilema del 40% es la prueba de que, en Ecuador, vender cultura es a menudo más costoso que producirla.»