La autoridad del realismo mágico va más lejos que la cotidianidad
Para el investigador literario, el Realismo Mágico no es simplemente un «género» de moda ni un recurso pintoresco; es una respuesta ontológica y estética a la complejidad de la identidad latinoamericana. A menudo confundido con la literatura fantástica, el realismo mágico opera bajo una premisa radicalmente distinta: la naturalización de lo improbable.
La génesis de una mirada propia
Aunque el término fue acuñado originalmente por el crítico de arte alemán Franz Roh en 1925 para describir una tendencia pictórica post-expresionista, su verdadera maduración ocurre en el suelo americano.
A diferencia del surrealismo europeo, que buscaba lo onírico mediante la ruptura de la lógica, el realismo mágico latinoamericano —influenciado por el concepto de «lo real maravilloso» de Alejo Carpentier— encuentra lo extraordinario en la historia, la geografía y la herencia mítica del continente.
Los pilares teóricos del movimiento
Para entender este fenómeno, debemos desglosar los elementos que permiten que una obra sea clasificada como tal:
- La verosimilitud de lo sobrenatural: En el realismo mágico, si un personaje asciende al cielo en cuerpo y alma (como Remedios la Bella), los demás personajes no reaccionan con terror ni asombro científico, sino con preocupaciones mundanas. La magia no rompe el universo; es parte de él.
- La circularidad del tiempo: Rompiendo con la línea recta de la ilustración europea, aquí el tiempo suele ser un bucle. El pasado convive con el presente y los muertos caminan junto a los vivos, no como fantasmas góticos, sino como vecinos persistentes.

Lejos de ser una reliquia del «Boom Latinoamericano», el realismo mágico ha mutado. Hoy vemos su influencia en autores contemporáneos de todo el mundo, demostrando que la necesidad de narrar la realidad a través del mito es una constante humana. Para nosotros, estudiar el realismo mágico es, en última instancia, estudiar cómo el lenguaje puede ensanchar los límites de lo posible.
