La poesía como herramienta de sanación

En el vasto universo de la literatura, a menudo nos acercamos a los textos buscando conocimiento, entretenimiento o desafíos intelectuales. Analizamos estructuras, diseccionamos metáforas y debatimos contextos históricos. Sin embargo, olvidamos con frecuencia la función más primigenia y quizás la más vital de la palabra escrita, especialmente de la poesía: su capacidad para curar.

Más allá de la métrica y la rima, la poesía es una herramienta de supervivencia emocional. En los momentos en que la vida nos golpea con una fuerza que el lenguaje cotidiano no alcanza a procesar —el duelo, la angustia existencial, el desamor desgarrador—, el poema emerge no como un ejercicio académico, sino como un faro en la niebla.

Cómo empezar tu propio camino de sanación

No necesitas ser un experto en literatura ni haber publicado un libro. La poesía terapéutica es para ti, no para una audiencia. Aquí tienes tres pasos sencillos:

  1. La escritura automática: Toma un papel y escribe sin detenerte durante cinco minutos sobre lo que sientes hoy. No cuides la gramática.
  2. Crea una «Antología de Emergencia»: Recopila poemas de otros autores que te hagan sentir comprendido. Léelos cuando sientas que pierdes el equilibrio.
  3. El poema del «Yo soy»: Escribe frases cortas que empiecen con «Yo soy…». Deja que tu subconsciente revele fortalezas que no sabías que tenías.

La poesía no cura una enfermedad física, pero sí repara el tejido de nuestra narrativa personal. Nos recuerda que, aunque el mundo sea a veces un lugar difícil, siempre podemos construir un refugio hecho de palabras.

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