El término «cliffhanger» nació literalmente de la imagen de un protagonista colgando de un acantilado (cliff). Es ese momento de máxima tensión justo antes de que se acabe el capítulo, el episodio o el libro, diseñado con un único propósito: que sea imposible dejar de leer. Sin embargo, no todos los ganchos se crean igual. Un suspenso efectivo en una novela romántica se siente muy diferente a uno en un thriller psicológico. Aquí te mostramos cómo se utiliza esta herramienta según el género.
El Thriller y la Novela Negra: El giro de tuerca
En este género, el cliffhanger es el motor de la trama. No se trata solo de peligro, sino de revelación.
- La técnica: Introducir una pieza de evidencia que contradice todo lo que el detective creía saber.
- El efecto: El lector siente que ha sido engañado (en el buen sentido) y necesita reevaluar las pistas anteriores.
- Ejemplo: «Al abrir el cajón, no encontró el arma, sino una fotografía de sí mismo tomada esa misma mañana».

Fantasía y Ciencia Ficción: La expansión del mundo
Aquí, el gancho suele utilizarse para mostrar la escala del peligro o un elemento mágico/tecnológico inesperado.
- La técnica: La aparición de una criatura legendaria, el fallo de un sistema vital en una nave espacial o el descubrimiento de una profecía.
- El efecto: Genera asombro (sense of wonder) y urgencia por la supervivencia.
- Ejemplo: «El mapa no mostraba un camino de salida, sino que la montaña entera comenzaba a despertar».
El peligro de abusar del «gancho»
Aunque el cliffhanger es una herramienta poderosa, usarlo en cada página puede agotar al lector. Para que funcione, debe haber una promesa de resolución. Si el autor nunca cierra las preguntas que abre, el lector se siente manipulado en lugar de entretenido.
Importante: El mejor cliffhanger no es el que deja una pregunta en el aire, sino el que obliga al personaje a tomar una decisión imposible en el siguiente capítulo.