LA HUELLA ECONÓMICA DEL INSUMO IMPORTADO

La Barrera Invisible.

El libro ecuatoriano es, antes de ser una experiencia estética, un complejo producto de logística internacional. La dependencia del 100% de papel importado genera una «huella económica» que el lector promedio rara vez percibe, pero que el editor independiente enfrenta en cada factura. Esta realidad significa que la bibliodiversidad del país está encadenada a factores externos que nada tienen que ver con la literatura: desde las tensiones geopolíticas en el Mar de China hasta la disponibilidad de contenedores en los puertos de Finlandia o Brasil.

No se trata solo del precio del papel en el mercado global; se trata del costo de traerlo a la mitad del mundo. Los fletes marítimos, los seguros de carga y los trámites aduaneros actúan como una «barrera invisible» que encarece el producto antes de que la primera palabra sea impresa. Mientras que otros países de la región cuentan con industrias de celulosa subsidiadas o protegidas, el editor en Ecuador debe navegar un sistema arancelario que, irónicamente, suele ser más benevolente con el libro importado que con la materia prima para fabricarlo en casa.

Esta fragilidad logística se hizo evidente durante las recientes crisis de suministros globales, donde el costo de las resmas de papel editorial se disparó, obligando a muchos sellos a postergar lanzamientos o a reducir la calidad de sus acabados para mantener un precio competitivo. Así, la «Tiranía del Papel» no es solo una frase metafórica; es una limitación física que dicta qué se puede publicar, en qué formato y a qué costo, convirtiendo la producción editorial local en una lucha constante contra la geografía y la balanza comercial.

«El libro ecuatoriano nace con una deuda geográfica: antes de llegar a la mente del lector, debe pagar el peaje de un sistema global que trata al papel como un lujo y no como una necesidad cultural.»