EL MAPA DE LA INDEPENDENCIA

ansnacionales a la Autogestión.

El ecosistema editorial en Ecuador ha sufrido una mutación estructural y sociológica sin precedentes en la última década. Lo que en su momento se percibió como una crisis la salida o reducción drástica de las divisiones de literatura general de gigantes transnacionales como Santillana o Planeta terminó por ser el catalizador de una soberanía narrativa largamente postergada. Estas corporaciones, que operan bajo lógicas de rentabilidad global y economías de escala, no se retiraron por falta de talento local, sino como síntoma de una visión de mercado que categorizó a Ecuador como una plaza «pequeña», «periférica» o de «alto riesgo financiero» debido a sus bajos índices de lectura per cápita.

Sin embargo, este repliegue de los capitales extranjeros no dejó el escenario en silencio. Lejos de quedar en el vacío, este espacio fue reclamado por un movimiento de editoriales independientes y sellos de autogestión que operan desde una filosofía de «proximidad cultural». Estos nuevos gestores entendieron una verdad fundamental que las oficinas en Madrid o Bogotá ignoraron: la literatura ecuatoriana no requiere de validación externa para ser potente, sino de una gestión cercana, artesanal y profundamente comprometida con el autor local.

La independencia editorial en el país no nació por lujo, sino por necesidad. Ante la ausencia de los grandes grupos, sellos como Catafixia, Turbina o Kuychi asumieron el riesgo de publicar obras que las transnacionales habrían rechazado por no ser «comercialmente viables». Esto ha permitido que la bibliografía nacional se diversifique, dando paso a voces experimentales, poesía disruptiva y crónicas descarnadas que hoy configuran nuestra identidad literaria.

Este nuevo «mapa» ha descentralizado el poder de decisión. Ya no es un gerente de marketing en otro continente quien decide qué lee el ecuatoriano; ahora son los editores locales, que conocen el territorio, las ferias autogestionadas y los clubes de lectura, quienes apuestan por construir catálogos que resistan el paso del tiempo. No obstante, esta transición ha dejado un desafío económico latente: cómo sostener una industria de alta calidad estética sin el respaldo de los grandes capitales, convirtiendo la edición independiente en un acto de heroísmo financiero cotidiano.

«La literatura independiente en Ecuador no es solo un modelo de negocio, es un acto de soberanía: es la decisión de que nuestras historias no dependan de un balance contable extranjero para ser contadas.»