DEL REALISMO SOCIAL AL GÓTICO ANDINO

La nueva identidad de las letras

El panorama literario ecuatoriano ha experimentado una metamorfosis profunda. Durante décadas, la sombra de la «Generación del 30» y su realismo social centrado en la denuncia política y la explotación del campesinado definió lo que se entendía por literatura nacional. Sin embargo, en los últimos quince años, se ha gestado una ruptura estética liderada mayoritariamente por mujeres. Esta nueva narrativa ha dejado de lado el costumbrismo para explorar las sombras de lo doméstico, la violencia de género y lo sobrenatural desde una óptica local.

El fenómeno del Gótico Andino no es solo una etiqueta de marketing; es una respuesta cultural. Autoras como Mónica Ojeda y María Fernanda Ampuero han logrado lo que parecía imposible: que la periferia hable con voz propia y sea escuchada en los centros de poder editorial. En obras como Nefando o Pelea de gallos, el horror no proviene de castillos medievales o vampiros europeos, sino de las quebradas de la cordillera, de los ritos ancestrales y de la claustrofobia de las familias tradicionales ecuatorianas.

Esta «nueva identidad» también se ha abierto a la ciencia ficción especulativa y a la crónica descarnada, géneros que antes se consideraban menores o extranjeros. No obstante, este prestigio internacional vive una realidad agridulce en casa. Mientras el mundo académico y los jurados de premios internacionales aplauden estas obras, el mercado local lucha contra una distribución deficiente y una percepción del libro como un objeto de lujo o meramente escolar. La paradoja es clara: escribimos para el mundo, pero nuestro gran reto sigue siendo ser leídos de forma masiva en nuestras propias provincias.